Archivo de la categoría: INSPIRACION Y POESIA

Un Beso Robado…

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Beso Robado

 

Beso breve, apresurado,

Y ciertamente,

Nada sutil.

 

Beso, sorpresivo, arrancado;

Podría ser cualquier cosa,

Menos, caricia gentil.

 

Beso inusitado: primero, leve viento;

Al instante vuelto un torbellino

Y finalmente, mi agitado aliento.

 

Beso que comenzó de frente

Y terminó –orgullosamente-

…De perfil.

 

Beso húmedo, casi abofeteado.

Que empezó en mi saliva, dulce;

…Y acabó en femenino sudor salado.

 

Beso audaz,

Beso inesperado, atrevido

Pero no mordaz.

 

Beso arriesgado,

Obligado a ser suicida

Por este corazón enamorado.

 

Beso de supervivencia

De un tímido que nunca le pudo decir:

“Estoy prendando de ti hasta la inconsciencia”.

 

Beso convicto, que busca alcanzar

Cuanto antes un excitante destino:

De su volcán perfumado, el pequeño pulsar.

Solo es llegar… el sabe el resto del camino.

 

Beso cometa el que he apañado.

Su órbita lo obliga a no permanecer

En mi boca ni en mis labios atrapado.

Beso robado… ¡Su prisión está a punto de caer!

 

Beso raptado, quiero ahora devolverlo.

Tendrá que ser a costa de arrancarlo

De su capullo raído; envolverlo,

Y con amor apasionado, regresarlo.

 

  A un gran choque galáctico,

Dos bocas ignoran aún que se aproximan.

Del amor las leyes proclaman:

“¡No más besos robados!”, determinan.

 

Tales normas amatorias sentencian también:

“…Aquél que un beso de amor ha robado

Condenado sea para bien

A regresar lo ya hurtado

Y… ¡A robarse otros cien!”

 

Eduardo M. De La Cruz Maldonado. 

10 de marzo de 2008.

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De una matehualense atrapada en los USA

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Y Yo Sigo…¡Aquí!

 

Y yo sigo aquí,

Sufriendo por ti…

Pensando en ti…

Mientras tú vives sin mí,

Vagando, sonriendo,

Y yo sin saber realmente

Si sientes algo hacia mí…

 

La distancia me hiere

Y no me ayuda a entender

Que al tenerte lejos

Muero poco a poco  por ti…

 

Nada es suficiente,

Nada me ayuda a olvidar

Los besos y abrazos que tú me das.

 

Quizá el tiempo

Decida qué hacer con nuestros destinos

Y en el futuro comprenda

Que sentías por mí…

 

Por ahora no entiendo

Este loco sentimiento

Que mi corazón me muestra y mi cabeza niega…

 

Solo sé que hay algo que no logro entender

Que me hace sufrir

Que me hace llorar

Y que me empuja en cada momento

A pensar en ti…

 

No sé qué es lo que  sientes,

Porque no me hablas claro,

Tus ojos me demuestran amor,

Tus besos ternura

Pero tus actitudes me dicen otra cosa…

 

Define tu corazón,

Define tu mente,

Mira que aquí,

Hay alguien que desea quererte.

 

Entrégate todo,

Y déjame amarte

Pongamos el corazón, frente a frente…

 

Por: Imelda Guerra Herrera

Houston, Texas; Jueves 27 de marzo del 2008.

 

EL OSO, LA MONA Y EL CERDO

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El oso, la mona y el cerdo

 

Fábula

 

Un oso con que la vida

ganaba un piamontés,

la no muy bien aprendida

danza ensayaba en dos pies.

 

Queriendo hacer de persona

dijo a una mona: «¿Qué tal?»

Era perita la mona

y respondióle: «Muy mal»

.

«Yo creo, replicó el oso,

que me haces poco favor,

¡pues qué!, ¿mi aire no es garboso?,

¿no hago el paso con primor?»

 

Estaba el cerdo presente,

y dijo: «¡Bravo, bien va!,

bailarín más excelente

ni se ha visto, ni verá».

 

Echó el oso al oír esto

sus cuentas allá entre sí,

y con ademán modesto

hubo de exclamar así:

 

«Cuando me desaprobaba

la mona, llegué a dudar:

Mas ya que el cerdo me alaba,

muy mal debo de bailar».

 

Guarde para su regalo

esta sentencia un autor:

Si el sabio no aprueba, ¡malo!,

si el necio aplaude, ¡peor!

 

                                           IRIARTE.

EL MANZANO de José Rosas

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El manzano

 

Un manzano cargado de manzanas,

Exclamaba contento cierto día:

“Venid a ver qué bellas, qué lozanas,

No hay manzanas mejores, a fe mía.”

Pero en tanto que alegre así decía

Su placido embeleso

Vino a turbarle la fortuna impía,

Porque rotas las ramas con el peso

Cayeron en el fondo de una noria,

Y adiós manzanas y ventura y gloria.

Así la dicha y el placer perecen,

¡Ay! Os lo digo con dolor profundo;

Así se desvanecen

Las más brillantes glorias de este mundo.

 

José Rosas, México.

En Paz, Poesía con la que Coco Ruiz Meza, se despidió de su madre muerta.

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EN PAZ

 

Muy cerca de mi ocaso,

Yo te bendigo, vida,

Porque nunca me diste esperanza fallida,

Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.

 

Porque veo al final de mi rudo camino

Que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

Que si extraje la miel o la hiel de las cosas,

Fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;

Cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

 

…. Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;

¿más tú no me dijiste que Mayo fuese eterno!

 

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

Más no me prometiste tú sólo noches buenas,

Y en cambio tuve algunas santamente serenas…

 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

 

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

                      Amado Nervo

 

PARANOIA

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Las voces

 

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Tenía 10 años cuando comencé a escuchar voces en mi cabeza (y aún hasta horita que tengo 19 las sigo escuchando.)

 

Me he preguntado miles de veces, el por que las escucho, pero; no encuentro exactamente una respuesta correcta.

 

– ¡Oh, me estoy equivocando! No debo preguntarme esto yo misma. Debo preguntarle a las voces.

 

Las voces dentro de mi cabeza, hablaban con rapidez, pero al ver mi expresión desconcertada, callaron; para despues decírmelo suavecito a mi oído:

 

-Recuerda el camino del que hemos hablado antes de que tu hubieras escogido esta vida- dijeron las voces.

 

-¿Qué? ¡Esto es una broma, es un sueño, no entiendo nada! ¡Me estoy volviendo loca! -grite con desesperación.

 

pero las voces solo me contestaron: ¡Silencio!

 

(continuará)

EL SEMBRADOR

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Cita

El sembrador!

                                                                                       

SEMBRANDO

 

De aquel rincón bañado por los fulgores

del sol que nuestro cielo triunfante llena;

de la florida tierra donde entre flores

se deslizó mi infancia dulce y serena;

envuelto en los recuerdos de mi pasado,

borroso cual lo lejos del horizonte,

guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,

del sembrador más raro que hubo en el monte.

 

Aún no sé si era sabio, loco o prudente

aquel hombre que humilde traje vestía;

sólo sé que al mirarle toda la gente

con profundo respeto se descubría.

Y es que acaso su gesto severo y noble

a todos asombraba por lo arrogante:

¡Hasta los leñadores mirando al roble

sienten las majestades de lo gigante!

 

Una tarde de otoño subí a la sierra

y al sembrador, sembrando, miré risueño.

¡Desde que existen hombres sobre la tierra

nunca se ha trabajado con tanto empeño!

Quise saber, curioso, lo que el demente

sembraba en la montaña sola y bravía;

el infeliz oyóme benignamente

y me dijo con honda melancolía:

-Siembro robles y pinos y sicomoros;

quiero llenar de frondas esta ladera,

quiero que otros disfruten de los tesoros

que darán estas plantas cuando yo muera.

 

-¿Por qué tantos afanes en la jornada

sin buscar recompensa? Dije. Y el loco

murmuró, con las manos sobre la azada:

-Acaso tú imagines que me equivoco;

acaso, por ser niño, te asombre mucho

el soberano impulso que mi alma enciende;

por los que no trabajan, trabajo y lucho,

si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

 

Hoy es el egoísmo torpe maestro

a quien rendimos culto de varios modos:

si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.

¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!

En la propia miseria los ojos fijos,

buscamos las riquezas que nos convienen

y todo lo arrostramos por nuestros hijos.

¿Es que los demás padres hijos no tienen?…

Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre

y, en las guerras brutales con sed de robo,

hay siempre un fratricida dentro del hombre,

y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

 

Por eso cuando al mundo, triste contemplo,

yo me afano y me impongo ruda tarea

y sé que vale mucho mi pobre ejemplo,

aunque pobre y humilde parezca y sea.

¡Hay que luchar por todos los que no luchan!

¡Hay que pedir por todos los que no imploran!

¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!

¡Hay que llorar por todos los que no lloran!

Hay que ser cual abejas que en la colmena

fabrican para todos dulces panales.

Hay que ser como el agua que va serena

brindando al mundo entero frescos raudales.

Hay que imitar al viento, que siembra flores

lo mismo en la montaña que en la llanura.

Y hay que vivir la vida sembrando amores,

con la vista y el alma siempre en la altura.

 

Dijo el loco, y con noble melancolía

por las breñas del monte siguió trepando,

y al perderse en las sombras, aún repetía:

¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…

Marcos Rafael Blanco Belmonte

( Tomado del grupo de msn latinos en Italia)