Archivos Mensuales: diciembre 2009

“La vocación de Villa De La Paz…”, Expo Fotográfica

Estándar

EL INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA,

 

a través del

 

MUSEO REGIONAL POTOSINO

 

ha mostrado su interés por incorporar al acervo del

 

SISTEMA NACIONAL DE FOTOTECAS,

 

en particular al de la jovial

 

FOTOTECA DEL MUSEO REGIONAL POTOSINO

 

las imágenes, negativos, aparatos, instrumentos, enseres de trabajo y avíos dignos de ser conservados para luego mostrarse al público, de los fotógrafos locales de los municipios del Estado de San Luis Potosí. Luego de obtener colecciones, obras y archivos de fotógrafos y otras personalidades de San Luis Potosí, capital; de las ciudades potosinas de Venado, Charcas, Moctezuma, Cerritos, Villa de Reyes, Real de Catorce, Vanegas, Mexquitic, Zaragoza, Cedral, Tamasopo, Xilitla, Ahualulco, Tierra Nueva, Salinas, Cárdenas y Coxcatlán, el Museo Regional Potosino ha iniciado la recopilación y captura digital de las imágenes de un fotógrafo más, quizá con uno que logró mantener uno de los archivos y  colecciones de los más voluminosos y variados que hayan sido obtenidos por el Museo hasta la fecha, el

 

Archivo Fotográfico de Don Manuel De La Cruz Trascierra.

 

 

Del 1 de octubre al 5 de diciembre se exhibió en el Museo Regional Potosino la muestra,

 

Un Domingo En La Tarde…

 

sobre las corridas y novilladas y rejoneaadas, llevadas a cabo en las plazas de toros de Matehuala y Cedral.

 

 

 

Sin embargo…

a partir de este

viernes 11 de diciembre del 2009

se inaugurará la nueva exposición, llamada…

“La vocación de Villa de La Paz…”

 

que nos ofrece una nueva muestra de imágenes del archivo fotográfico de Don Manuel De La Cruz Trascierra, donde registró momentos muy propios de la vida y costumbres de esa ciudad minera.

 

 

 

Los especialistas del Museo Regional Potosino, están localizando el escenario apropiado en Matehuala, S.L.P., para trasladar la exhibición a la Ciudad de las Camelias a finales del presente año (2009) o  a principios del 2010 a algún recinto apropiado en la ciudad-mineral.

 

Se espera que para entonces la muestra sea más extensa, con nuevos hallazgos del archivo de Don Manuel De La Cruz o bien enriquecida con nuevas aportaciones de ciudadanos o empresas de la localidad.

 

 …Un apunte sobre el perfil del fotógrafo

 

Manuel De La  Cruz Trascierra.

 

 

 

Fotógrafo nativo de Matehuala, S.L.P., dedicó cada vez más tiempo al arte de la fotografía, hasta casi dedicarse totalmente a ella (pues nunca abandonó del todo otros trabajos y labores dentro de las artes y oficios que desempeñó desde su niñez y juventud). Así que fue pasando de aprendiz a ayudante y -al final- a ejecutante en mayor o menor grado de labores sencillas a otras complicadas y hasta peligrosas. Nada más un ejemplo: como mandadero para entregar medicamentos de cierta botica. Luego, tarde o temprano llegaría a ser el ayudante del preparador de los tónicos, elíxires, ungüentos, “papeles” (medicinas en polvo), etc. Esto mismo ocurrió con otros diversos oficios, en los que comenzó de aprendiz y al final ofreció sus servicios como “maestro del oficio”. De este modo llegó a convertirse en mecánico, carpintero, ebanista, sastre, fabricante de espejos; y electricista, reparador de aires acondicionados y al cabo del tiempo: fotógrafo.

 

Dentro de este arte, al comienzo de los años 50’s del siglo pasado, se dedicó a retratar a cuanta persona gustó posar –voluntaria o involuntariamente ante la lente de la cámara fotográfica en turno, a las que se agregarían luego las cámaras de cine casero, luego las de cine semi-profesional y por último, las cámaras para video filmación.

 

Capturó mayormente –por miles, al principio, mayormente en fotos instantáneas en transparencias a color, luego en imágenes en papel -blanco y negro, más tarde en papel, también a color- personas, grupos y multitudes. Aunque luego se internaría brevemente en el mundo de la fotografía ‘de pose y con luces’, se sentía inspirado al estar presente en eventos caseros, donde compartía el momento con grupos familiares o sociales, donde se encontraba bien con escenas de madres con sus niños, bien de niños solos o reunidos, serenos o en acción. Pero no escaparon a la mirada escrutadora de este fotógrafo las imágenes de plantas, los animales, así como escenarios de las obras civiles y sociales hechas por el hombre y por la propia naturaleza.

 

Todos fueron ‘los sujetos’ (que significa, en términos fotográficos: aquello que se va a fotografiar) delante del objetivo (o sea, la lente con que lo va a retratar) destinados a ser “tomados al instante y para la eternidad”.

 

Más, no fueron las fotos instantáneas imágenes las que le dieron su fama y distintivo original. Ocurrió que en 1952 él era uno de los pocos fotógrafos que poseían en México…¡y funcionado al ciento por ciento! una cámara estereoscópica. Una rareza en el mundo fotográfico de ayer, y aún de hoy.

 

La cámara View-Master es capaz de tomar escenas en tercera dimensión, a todo color y por ser obtenidas como pares de transparencias, era capaz de ser proyectada, bien en la forma común de dos dimensiones, como, a través de proyectores especiales, en tercera dimensión. Claro había e que emplear un par de lentes polarizados ¡Sí! ¡De la misma forma en que ahora nos invitan a ver el cine o la televisión 3D! La tercera dimensión es una técnica casi tan antigua como la fotografía misma, practicada en blanco y negro, hasta que se inventó el color. Ha sido poco difundida y aceptada por la gente de ayer y de hoy, por una diversidad de escrúpulos  de la gente, como por ejemplo, que les provocaba mareos o que los dejaría ciegos si la vieran durante mucho tiempo. Razones a veces solo aparentes. Pero lo que si era una verdad, era un producto caro, por la dificultad de obtener los materiales especiales para su acabado y presentación.

 

Con cualquiera de sus modalidades, las imágenes de Don Manuel De La Cruz dejaron eternizados instantes memorables en la vida y obra de infinidad de personas, ‘inmortalizando’ sus eventos sociales, deportivos, políticos y artísticos en general. En otras palabras, registró toda una época de la cultura local y regional en la que vivió y logró sumergirse.

 

Sus retratos, tomados en escenarios caseros, bien en su modesto estudio o al aire libre; dejaron para la posteridad, testimonio de lo variante y lo común en las personas, así como en las cosas y costumbres. Dejó constancia de la belleza de las jóvenes mujeres de la región (ahora bellas abuelas), de la plasticidad fotográfica de caras, perfiles y gestos de la gente y aún de lo pintoresco de algunos personajes de la localidad.

 

También campean en sus trabajos fotográficos lo expresivo y lo espontáneo de las poses de muchos niños y los afanes de sus madres ‘para que salgan bien’; de la travesuras infantiles, sus festejos y hasta de sus tragedias. También retrató los cambios en la fisonomía de personas e inmuebles, sus negocios y ciudades.

 

También destacan, en forma evidente o intrínseca en las escenas, los dramáticos caprichos de la moda, con esos cambios impuestos manifestados en la tremenda variedad y temporalidad de los atuendos, arreglos corporales y en el modo de manifestar su existir de las personas.

 

En fin, quedaron registrados en las imágenes de Don Manuel, lo sereno y lo frenético; lo romántico y lo meramente utilitario; lo nuevo, que dejó de serlo; las cosas únicas e inmutables, como los valores confusos que fueron apareciendo luego. Todo dentro de los cincuenta años más acelerados que ha tenido la humanidad, los de la segunda mitad del siglo XX, que nos llevaron -entre conflictos bélicos encarnizados; del uso masivo del teléfono común, hasta el del teléfono celular de última generación; de la época de oro del Volkswagen y su muerte violenta hasta el advenimiento de los autos desechables, japoneses y ”made in China”; del uso masivo de la radio (de bulbos al vacío), hasta el uso casi universal de la televisión de alta definición vía satélite (con circuitos transistorizados -sin tal vacío-).

 

De este medio siglo que nos ofrendó desde la primera llegada del hombre a la cumbre del Monte Everest, hasta la llegada del mismo a la Luna; de las dos piezas de música grabada –una en cada cara, en los discos de una pasta negra girando a 78 RPM (revoluciones por minuto), hasta las memorias portátiles -que ya no giran, pero que ‘sí tocan’ ya los cientos, ya los miles de canciones “memorizadas” en su ‘hardware’; y por último, de la enseñanza escolar con regla o chicote en mano (‘la letra con sangre entra’) hasta la enseñanza a distancia ‘por internet’.

 

Dentro de ese mar de romance y tecnología vivió este artista. De todo ello tomó y experimentó.

 

Ese fue el mundo que retrató

Don Manuel De La Cruz,

fotógrafo.