ENRIQUE BÁTIZ: Un recital de piano “HISTÓRICO” para MATEHUALA

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UN RECITAL HISTÓRICO

El azote de los Magueyes

El Centro Cultural del México Contemporáneo (CCMC) presentó al anochecer del martes 17 julio un estupendo recital de piano con el Maestro Enrique Bátiz, como parte de la gira

“ENRIQUE BÁTIZ: Recitales de Piano”

por las tres ciudades principales del estado potosino.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación Encabeza a un grupo de instituciones y dependencias de Cultura de los gobiernos de San Luís Potosí, Puebla y Chihuahua y sus respectivas coordinaciones culturales de los municipios y Patronatos teatrales y artísticos en las ciudades donde se ofrecerán recitales, a saber: Valles, San Luís Potosí, Delicias, Chihuahua, Juárez, Puebla y por supuesto, Matehuala.

El programa inició con una proyección en pantalla de lo que significa para México una institución como el CCMC, sociedad que realiza un proyecto de muy amplio alcance en todos los aspectos que tienen que ver con el desarrollo, protección y difusión de la cultura en todas sus ramas. Luego, enseguida, comenzó el maestro Bátiz su recital, sin mayor preámbulo.

El programa musical inició con la melancólica

Sonata No. 8 “Patética” de Beethoven,

para continuar con el romántico concierto sin orquesta (cuasi sonata, esto es, una innovación o variante de una sonata clásica)

“Fantasía” en Fa menor de Chopin.

Luego, el ejecutante se tomo un breve respiro, explicable por lo que se nos iba a ofrecer enseguida.

Luego de cinco expectantes minutos, un relajado Maestro Bátiz interpretó para el auditorio matehualense que casi cubrió la luneta del teatro, la suite de Mussorgsky

Cuadros de una exposición

obra con 10 temas que se tratan en 15 piezas para piano que exigen del ejecutante virtuoso, su máximo. Con sus fabulosos acordes y efectos sonoros fuimos conducidos mágica y musicalmente a través de mundos de gnomos y casas con patas de gallina, fantásticos castillos, catacumbas, escenas graciosas de los pollitos saliendo de su cascarón, viejos callejones, animados mercados, etc. La última de estas exóticas piezas que nos ofreció fueron los sendos acordes mayores y bemoles la grandiosidad de la Puerta de Kiev. Sucedió que Módest Mussorgsky compuso esta obra (originalmente llamada Suite Hartmann) inspirado por la exposición póstuma de diez pinturas y escritos de su gran amigo, el artista y arquitecto Viktor Alexandrovich Hartmann, quien sólo tenía 39 años cuando murió en 1873. A manera de homenaje el compositor quiso «dibujar en música», algunos de los cuadros expuestos. Es una obra maestra, del tipo de música romántica conocida como música de programa.

 

El público presente le aplaudió durante más de un minuto esta ejecución maestra.

Tras otro breve descanso para refrigerio —que la prensa pudo aprovechar para sus gráficas, remató su presentación con la muy popular

Polonesa No. 6 de Chopin,

— ¡otra vez Chopin! Al terminar, los presentes aplaudieron efusivamente al excelso maestro, quien correspondió al público saliendo a agradecerlo al escenario.

Dado su especial sentido del humor, pudimos entrevistarlo para EL IMPARCIAL DE MATEHUALA en el propio camerino, hablando con él mientras descansaba, se cambiada de atuendo y se preparaba para retirarse del Monumental Teatro Manuel José Othón. Pudimos rememorar eventos en que pudimos coincidir y ser testigos de algunos hechos anecdóticos, algunos chuscos y otros… no tanto, ocurridos en ciertos eventos a lo largo de tantas presentaciones, tanto como director de orquesta (pocos pueden presumir del número y renombre de las orquestas sinfónicas que ha dirigido) o bien como solista.

Debí ofrecerle disculpas (aunque nadie me lo pidió hacerlo a nombre de alguien en realidad) por el trato tan extraño que recibió por parte de los anfitriones de nuestro municipio, pues aunque si hubo quien anunciara las famosas “llamadas” previas que anuncian el comienzo del recital, no hubo maestro de ceremonias quien presentase al público en el teatro al distinguido ejecutante, ni introducido al escenario por nadie, ni saludado ni despedido al final de su ejecución por persona alguna, así que el afamado maestro entró al escenario como cualquier “hijo de vecino”, se sentó al piano, comenzó y acabó su presentación sin otra cortesía que la ofrecida por los caza-autógrafos y reporteros de los medios.

 

¡Qué hermosa demostración de organización, cultura y educación de los organizadores!

 

Ya con un atuendo de refresco y calzándose sus calcetines, le dio acceso al resto de la prensa y admiradores. Hizo entonces un elogio de nuestro Teatro Othón,  sugiriéndonos que sustituyamos su duela, ruidosa en los pasillos del teatro —para colmo sustituida por cemento en el foro y camerinos, pues esto le resta sonoridad y no brinda el silencio necesario para disfrutar de cualquier evento artístico. Lamentó que no haya lo necesario en los sanitarios de camerinos y ni siquiera un poquito de aceite para las “quejumbrosas puertas de los baños en la sala”, cuyo ruido le dio un “toque matehualense” (esto es un agregado mío) a los virtuosos acordes del maestro visitante.

Luego de mostrarnos las características particulares de su bello piano, se despidió de los allí presentes, entre ellos, el Prof. Pascual Gallegos Montalvo y el “cronista” de Real de Catorce, H. Castillo.

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