Archivos Mensuales: julio 2007

ENRIQUE BÁTIZ: Un recital de piano “HISTÓRICO” para MATEHUALA

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UN RECITAL HISTÓRICO

El azote de los Magueyes

El Centro Cultural del México Contemporáneo (CCMC) presentó al anochecer del martes 17 julio un estupendo recital de piano con el Maestro Enrique Bátiz, como parte de la gira

“ENRIQUE BÁTIZ: Recitales de Piano”

por las tres ciudades principales del estado potosino.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación Encabeza a un grupo de instituciones y dependencias de Cultura de los gobiernos de San Luís Potosí, Puebla y Chihuahua y sus respectivas coordinaciones culturales de los municipios y Patronatos teatrales y artísticos en las ciudades donde se ofrecerán recitales, a saber: Valles, San Luís Potosí, Delicias, Chihuahua, Juárez, Puebla y por supuesto, Matehuala.

El programa inició con una proyección en pantalla de lo que significa para México una institución como el CCMC, sociedad que realiza un proyecto de muy amplio alcance en todos los aspectos que tienen que ver con el desarrollo, protección y difusión de la cultura en todas sus ramas. Luego, enseguida, comenzó el maestro Bátiz su recital, sin mayor preámbulo.

El programa musical inició con la melancólica

Sonata No. 8 “Patética” de Beethoven,

para continuar con el romántico concierto sin orquesta (cuasi sonata, esto es, una innovación o variante de una sonata clásica)

“Fantasía” en Fa menor de Chopin.

Luego, el ejecutante se tomo un breve respiro, explicable por lo que se nos iba a ofrecer enseguida.

Luego de cinco expectantes minutos, un relajado Maestro Bátiz interpretó para el auditorio matehualense que casi cubrió la luneta del teatro, la suite de Mussorgsky

Cuadros de una exposición

obra con 10 temas que se tratan en 15 piezas para piano que exigen del ejecutante virtuoso, su máximo. Con sus fabulosos acordes y efectos sonoros fuimos conducidos mágica y musicalmente a través de mundos de gnomos y casas con patas de gallina, fantásticos castillos, catacumbas, escenas graciosas de los pollitos saliendo de su cascarón, viejos callejones, animados mercados, etc. La última de estas exóticas piezas que nos ofreció fueron los sendos acordes mayores y bemoles la grandiosidad de la Puerta de Kiev. Sucedió que Módest Mussorgsky compuso esta obra (originalmente llamada Suite Hartmann) inspirado por la exposición póstuma de diez pinturas y escritos de su gran amigo, el artista y arquitecto Viktor Alexandrovich Hartmann, quien sólo tenía 39 años cuando murió en 1873. A manera de homenaje el compositor quiso «dibujar en música», algunos de los cuadros expuestos. Es una obra maestra, del tipo de música romántica conocida como música de programa.

 

El público presente le aplaudió durante más de un minuto esta ejecución maestra.

Tras otro breve descanso para refrigerio —que la prensa pudo aprovechar para sus gráficas, remató su presentación con la muy popular

Polonesa No. 6 de Chopin,

— ¡otra vez Chopin! Al terminar, los presentes aplaudieron efusivamente al excelso maestro, quien correspondió al público saliendo a agradecerlo al escenario.

Dado su especial sentido del humor, pudimos entrevistarlo para EL IMPARCIAL DE MATEHUALA en el propio camerino, hablando con él mientras descansaba, se cambiada de atuendo y se preparaba para retirarse del Monumental Teatro Manuel José Othón. Pudimos rememorar eventos en que pudimos coincidir y ser testigos de algunos hechos anecdóticos, algunos chuscos y otros… no tanto, ocurridos en ciertos eventos a lo largo de tantas presentaciones, tanto como director de orquesta (pocos pueden presumir del número y renombre de las orquestas sinfónicas que ha dirigido) o bien como solista.

Debí ofrecerle disculpas (aunque nadie me lo pidió hacerlo a nombre de alguien en realidad) por el trato tan extraño que recibió por parte de los anfitriones de nuestro municipio, pues aunque si hubo quien anunciara las famosas “llamadas” previas que anuncian el comienzo del recital, no hubo maestro de ceremonias quien presentase al público en el teatro al distinguido ejecutante, ni introducido al escenario por nadie, ni saludado ni despedido al final de su ejecución por persona alguna, así que el afamado maestro entró al escenario como cualquier “hijo de vecino”, se sentó al piano, comenzó y acabó su presentación sin otra cortesía que la ofrecida por los caza-autógrafos y reporteros de los medios.

 

¡Qué hermosa demostración de organización, cultura y educación de los organizadores!

 

Ya con un atuendo de refresco y calzándose sus calcetines, le dio acceso al resto de la prensa y admiradores. Hizo entonces un elogio de nuestro Teatro Othón,  sugiriéndonos que sustituyamos su duela, ruidosa en los pasillos del teatro —para colmo sustituida por cemento en el foro y camerinos, pues esto le resta sonoridad y no brinda el silencio necesario para disfrutar de cualquier evento artístico. Lamentó que no haya lo necesario en los sanitarios de camerinos y ni siquiera un poquito de aceite para las “quejumbrosas puertas de los baños en la sala”, cuyo ruido le dio un “toque matehualense” (esto es un agregado mío) a los virtuosos acordes del maestro visitante.

Luego de mostrarnos las características particulares de su bello piano, se despidió de los allí presentes, entre ellos, el Prof. Pascual Gallegos Montalvo y el “cronista” de Real de Catorce, H. Castillo.

UN SR. COSSÍO,POBLANO, BUSCA PARIENTES MATEHUALENSES

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Me llamo Juan Carlos Gazca Cossío, tengo 39 años y soy de la Ciudad de Puebla de los ángeles, México. Me gustaría contactar gente de Santander (o de México, claro) para conocer sobre esas hermosas tierras. Hace tres generaciones salieron "mis" Cossío desde Santander a México, residiendo en Matehuala, SLP., donde aún viven varios Cossío. Mi abuelo se mudó con su familia a Torreón, Coah. (todo en México); mi madre se casó con un capitalino (México, DF) y vinieron a residir a Puebla, donde nací. El nombre de mi abuelo era Rafael Cossío Medellín y aunque él nació en Matehuala siempre añoró pisar la tierra de sus ancestros, mismo sueño que comparto y, Dios mediante, realizaré en un futuro, pues deseó que mi hijo se reencuentre con su historia, que sepa el camino que recorrió la sangre hasta sus venas. Reciban un fraternal saludo desde estas (igualmente) hermosas tierras Patrimonio de la Humanidad.

(Por seguridad, la dirección de internet de este paisano solo será proprocionada a quien la pida. Solicítela a este blog usando el área de comentarios. Agregue sus datos de parentesco y su dirección de internet, para contactarnos y verificar motivo y datos de interés por los que desee establecer contacto). 

…Sucedido en un Congreso Feminista

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Sucedido en un congreso femenino

Durante el Congreso Internacional por los Derechos de la Mujer, la dama representante por Alemana al evento pasó al estrado a contar sus experiencias:

 

"Yo le dije a mi esposo:

¡Freederick: prepárame la comida! Pues bien, compañeras: el primer día, no hubo nada; el segundo día, tampoco hubo cambio alguno ¡no vi nada!… ¡Ah! Pero el tercer día ¡Freederick me preparó la comida!".

 

Todo el auditorio, lleno de asistentes al congreso —casi todas mujeres, estalló en un gran aplauso, gritando todas a coro: "¡Bieeeen!".

 

En seguida pasó al micrófono una la Delegada italiana y dijo:

 

"¡Hola! Mi nombre es Isabella, y yo le diche al mio marido:

Luigi, a partir de mañana quiero que barras y trapees el piso de la casa y que quede reluciente de limpio". Pues bien, compañeras. El primer día, no vi nada; el segundo día, pues nada ¡también no pasó nada!… Pero el tercer día, el piso estaba como un espejo".

 

Nuevamente todas aplaudieron la hazaña y gritaron hasta el delirio: "¡Bieeeeen!".

 

Así estuvieron pasando representantes de diferentes países y, por supuesto, no podía faltar la delegada mexicana, anfitriona del evento, quien por cortesía protocolaria se anotó para intervenir en último término, quien con mucho orgullo dijo:

 

Hola! Mi nombre es María, y un día yo le dije a mi marido:

Pancho, ya estoy harta de tanto trabajo, así es que quiero que a partir de mañana planches toda la ropa te pongas a planchar… ¿Me entendiste pendejo?

 

La delegada hizo una pausa. El auditorio entero tuvo que contener las lágrimas, como si Gabriela Guevara estuviera por llegar primera a su meta, y entonces la aguerrida azteca prosiguió:

 

El primer día, no vi nada; el segundo día, tampoco vi nada, pero para el tercer día empecé a ver un poquito con el ojo izquierdo".