UN RELATO: Como un HOMENAJE alos migrantes. LA AVENTURA DE JUANA GALLEGOS: T E X A N A – M A T E H U A L E N S E D E M I C H I H U A N A : (PARTE I)

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JUANA GALLEGOS CABRERA

Parte I

Quiero inscribir aquí el caso de esta dama mexicana, como un homenaje a todas las mujeres que han emigrado desde Matehuala hacia tantas partes del mundo… Para todas esas heroínas, que se van solitas, o tan solo con parte de sus hijos o familia; tal vez sin su pareja, tal vez sin nada o nadie a quien dejar, que salen a enfrentar condiciones penosas y difíciles, orilladas por motivos tan diversos, muchos ya olvidados; otros, que no se quisieran recordar.

Juana Gallegos Cabrera, nació EN EL AÑO DE 1900, en Miquihuana, Tamps. un pueblecito rural, que aún existe como tal, al oriente de Dr. Arroyo, N.L., donde había una hacienda que administraba su padre, Don Jesús Gallegos (No tengo plena seguridad del nombre del Sr. Gallegos). Su madre fue Doña Matiana Cabrera, todos oriundos del mismo lugar.

El Sr. Gallegos, responsable de mantener boyante la economía de la hacienda a su cargo, debió enfrentar responsablemente la suerte que el Destino le tenía deparado al chocar con la “nueva cultura” traída por el porfirismo, cuya tendencia era desplazar y sustituir el viejo esquema de cacicazgos, que habían hecho y mantenido ricos a los dueños de la tierra, los hacendados mexicanos por Compañías, Negociaciones, Corporaciones y otras formas de organización y producción empresarial que eran las diosas que empezó a adorar El Caudillo y su Corte de militares, políticos y extranjeros naturalizados, ahora en el poder.

Los hacendados y sus familiares, ricos pero incultos, devotos en extremo pero déspotas, no supieron ver y enfrentar, mucho menos asimilar, los grandes dones del ferrocarril y el telégrafo; de las nuevas máquinas para hacer casi cualquier cosa que entonces se necesitara, ni comprendían el futuro promisorio de los automóviles, del transporte motorizado terrestre y acuático. No sabían ni querían cambiar sus antiquísimos modos de beneficio del campo por las nuevas técnicas agrícolas de cultivo, siembra y explotación de nuevas especies (comercialmente hablando) vegetales y animales.

Ahora ya no se requería de tanta gente para hacer las cosas. No había que tener ni mantener ya a tanta mula, ni bueyes o carretas. Y lo peor, ya no se requería de tantas haciendas con administradores, sinó tal vez de una por cada diez. Allí se inicio el incendio de la revolución, en el enojo de los hacendados, tan rápidamente despojados de su poder y riqueza. Que no sus peones, casi esclavos. Ellos ya habían sido despojados desde La Conquista.

Pues en medio de ese caos y de aparición de nuevas desgracias creció Juanita, la niña Gallegos.

Cuando esta hija única tenía 10 años, se desató La Revolución, el hambre y la muerte. No había qué ni quién sembrara nada. La seguridad y la economía se fueron mermando. Lo aislado del lugar los resguardaba un poco de los grandes combates, no así de las gavillas de asaltantes y de rebeldes sin partido, que las tomaban como bodegas de abastecimiento para satisfacer todos sus hambres, incluyendo los que no se satisfacían comiendo.

Un día de 1918, se quedó sin trabajo el padre de Juana, la señorita. El mandamás miquihuano y su familia saliendo inmediatamente para la Ciudad de México. El Sr. Gallegos había quedado bien relacionado políticamente con los villistas, quizá desde 1913 en que se presume que los maderistas Jesús Dávila y Ernesto Santoscoy, rebeldes "pasados" a las huestes del Caudillo del Norte, se refugiaron y apertrecharon en la Hacienda con sus casi cuatrocientos efectivos de Caballería, escapando del Ejército constitucionalista que recuperó la plaza de Matehuala, ganada por los villistas tras casi un mes de sitio y otro bajo su control rebelde.

Debió emplear el tren de Matehuala, irónicamente el “verdugo” que lo dejo sin trabajo, luego de abandonar Michihuana y atravesar la serranía suroccidental de Tamaulipas a tiro de caballos, en diligencia o calandria, pasando de hacienda en hacienda hasta el Valle de Matehuala, donde quizá pudo pedir posada en haciendas como la de La Peña o La Carbonera. Su travesía debió haber acabado en la parada del Ferrocarril de Matehuala a Vanegas, en Estación La Cabra.

En cuanto se establecieron en la Capital, el señor fue a hacer méritos con sus amigos villistas, apostados ya en la Capital de México, quienes convivían en tensa coalisión con los zapatistas. La señorita Juana, quien ya había hecho muchas cuentas con su padre en la hacienda, empezó a prepararse como secretaria. Empezó a tomar clases de mecanografía en una academia.

Tal vez aquí hubiera empezado otra historia, pero en 1920 el Presidente Carranza, que ya había sido desconocido por Villa y Zapata estaba a la defensiva entre Puebla y Veracruz, fue ejecutado por allá. Y otra vez se armaron los trancazos. Antes que las cosas empeoraran, el Sr. Gallegos puso a su familia a salvo enviándola hasta Matehuala, plaza controlada ya por el ejército constitucionalista, ahora bajo la autoridad nacional de un presidente provisional y apaciguador, Adolfo De la Huerta. El Sr. Gallegos tendría a sus dos joyas muy cerca de Miquihuana, otra vez.

Era la primera vez que el Sr. Gallegos se separaba de su familia en tiempos de guerra. Probablemente les haya prometido pronto regreso, pues todo parecía indicar que la fase violenta del movimiento armado había llegado a su fin.

Matehuala, desde 1921 fue el nuevo refugio de la familia Gallegos Cabrera… a la espera de su varón principal. Éste nunca más regresaría a reunirse con ellas.

Es probable que el Sr. Gallegos se hubiese incorporado a las fuerzas villistas, toda vez que perdió sus apoyos políticos y económicos en la capital mexicana. Estos grupos y gavillas, al poco tiempo quedarían disueltos, dispersos y muchos de ellos recompensados con tierras y haciendas, empezando por el mismo Pancho Villa. Si no hizo esto, quizá entonces se haya alineado con el ejército constitucionalista, afín a las fuerzas que resguardaban Matehuala, pero son meras especulaciones. Hubo en ese lapso tal caos político, tantas venganzas y tanta sangre, como para poder establecer su derrotero final con claridad.

Se especuló de un tal Sr. Gallegos, blanco, güero chapeado, que solía usar chaleco, sombrero de fieltro y reloj de cadena, quien tenía una tienda en la esquina de Escobedo y Terán y llegó a Matehuala solo, enfermo y sin pareja formal hasta que conoció a una damita matehualense llamada Esperanza. Es lo más que he podido indagar (conste, podría ser solo una coincidencia).

Para 1923, Matehuala, ciudad reaccionaria, se convierte otra vez en la manzana de la discordia. No es el dinero lo que se busca ahora. Ya no valían los billetes; ya no había monedas, oro ni plata. No había… o estaban bien enterradas. Buscaban leva, gente quienfuera, niños y mujeres para pelear. Después de un millón de muertos en ese gran mitote, no era para menos. Por ello los De la Huertistas se instalan en las ciudades clave, como lo era nuestra tierra y empiezan a amenazar a Obregón.

Para Juana y su madre, ya no había tiempo que perder. Era el momento de abandonar México y emigrar hacia los Estados Unidos de América. Se informaron con ciertos miembros del gremio patronal matehualense, con amigos, vecinos y gente piadosa con quienes convivían, quienes recomendaron la conveniencia que la Srita. Juana, ya en edad de merecer, fuera sola a San Antonio, Texas, allá la esperarían gente conocida y familiares de estas nuevas amistades que le ayudarían a establecerse. Salió inmediatamente. Su madre se quedaría esperando noticias -de su marido y ahora de su hija- en casa de cierta amiga.

Esta historia continuará…

 
Nota: La bibliografía y referencias aparecerán al calce de la entrega final de este relato.
 

Nota: Este comentario, como muchos otros que aparecerán aquí con esta nota al pie, son actualizaciones de los creados y publicados por su servidor, bajo el pseudónimo de El Ausente, en una página llamada matehuala.com, en la cual su autor dejó de participar, para no respaldar la sospechosa tendencia de sus administradores a denostar contra autoridades e instituciones, sin un objetivo definido, en diversas notas pretendidamente periodísticas que aparecían entonces (y acaso ahora todavía) en su portada.

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Un comentario »

  1. Buscando información sobre Rodolfo Mendiolea, no encontré ninguna nota en ” personajes de Matehuala” , donde él nació en 1921. Me extraña, porque dejó toda una escuela de periodismo independenite, como compositor y novelista . Gracias a Rodolfo conocí a Francisco Martíniez de la Vega, a González Avelar y a Gómez Arias, portentos de nuestra cultura .

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