Archivos Mensuales: diciembre 2005

EL TURRÓN

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El turrón

 

A pesar de que no existe una historia definitiva sobre el origen del turrón, la mayoría de hipótesis aseguran que lo introdujo el pueblo árabe…

 

 

El turrón es uno de los alimentos más típicos de la repostería tradicional navideña, junto con los mazapanes, los polvorones y el roscón de Reyes. Si bien puede consumirse a lo largo de todo el año, durante el mes de diciembre su consumo experimenta un crecimiento significativo respecto al resto del año.

                                     

El turrón es un alimento con más de 500 años de antigüedad. Algunos indicios apuntan a que durante las celebraciones conmemorativas de la toma de Granada (1492) se obsequió con turrón a los músicos, aunque los expertos aseguran que fueron los griegos quienes lo descubrieron. Independientemente de su origen, de lo que no cabe duda es que el turrón es el dulce navideño por excelencia.

Se trata de una masa obtenida por cocción de miel y azúcar, con o sin clara de huevo y albúmina (proteína), a la que se incorporan posteriormente, con un amasado, almendras tostadas y peladas. En algunos casos, la miel puede sustituirse total o parcialmente por otros azúcares en sus distintas clases y derivados.

¿Te interesa saber como se fabrica? Dirígete a nuestro email: lalodelacruz13@hotmail.com

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MI ORACIÓN NAVIDEÑA

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Mi Oración.

 

Llegó por fin este día,

Dios me lo ha concedido;

Con dicha y algarabía

Recibir al Bien Nacido.

 

El hijo de Dios ha llegado

Muy dentro a mi corazón,

Es el símbolo esperado

Que me aclara la razón.

 

Quedarme en el mundo, entiendo,

Es claro para mi el mensaje:

Mi viaje final, enmiendo.

No hay boleto… no hay pasaje.

 

Me comprometo, Dios mío

A cumplir con la misión

De llenar este vacío,

Vacío de mi corazón.

 

Dejar la autocompasión,

Celebrar

que conservo aún la vida

Esa que ya no quería

¡A volar…!

 ¡Sal ya de mi! ¡depresión!

Eduardo

 

UN CUENTO DE NAVIDAD

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Cuento de Navidad: un lugar en el Paraíso.

              Hace muchos años, vivía en el nordeste de Brasil un matrimonio muy pobre, cuya única posesión era una gallina. Con mucho esfuerzo, vivían de los huevos que ésta ponía.
     Sucede que, el día de Nochebuena, el animal murió. El marido, que sólo tenía unos pocos centavos, lo que no bastaba para comprar alimentos para la cena de aquella noche, fue a pedir ayuda al párroco de la aldea.
     En lugar de ayudar, el párroco se limitó a comentar:
     -Si Dios cierra una puerta, abre una ventana. Ya que tu dinero no llega para casi nada, ve al mercado y compra lo primero que te ofrezcan. Yo bendigo esa compra, y, como en Nochebuena suceden milagros, algo en tu vida cambiará para siempre.
     Aun sin estar convencido de que aquélla era la mejor solución, el hombre fue al mercado; un comerciante lo vio caminando sin rumbo y le preguntó qué buscaba.
     -No lo sé. Tengo poquísimo dinero, y me ha dicho el padre que compre lo primero que me ofrezcan.
     El comerciante era riquísimo, pero aun así nunca dejaba pasar una oportunidad de lucrarse. Inmediatamente cogió las monedas, garabateó algo en un papel, y se lo entregó al hombre:
     -¡El padre tiene razón! Como siempre he sido un hombre bueno, te estoy vendiendo mi sitio en el Paraíso, en este día de fiesta. ¡Aquí está la escritura!
     El hombre cogió el papel y se alejó, mientras el comerciante se henchía de orgullo por haber cerrado otro excelente negocio. Aquella noche, mientras se preparaba para la cena en su casa llena de sirvientes, le contó la historia a su mujer, creyendo que gracias a su capacidad de pensar rápido, había conseguido hacerse tan rico.
     -¡Qué vergüenza! –dijo la mujer-. ¡Actuar de esa forma el día del nacimiento de Jesús! ¡Ve a casa de ese hombre y trae de nuevo el papel, o no vuelves a poner los pies en esta casa!
     Asustado con la furia de su esposa, el comerciante decidió obedecer. Después de mucho indagar, al fin encontró la casa del hombre. Al entrar, vio al matrimonio sentado a una mesa que no tenía más que aquel papel encima.
     -He venido hasta aquí porque he actuado de forma equivocada –dijo-. Aquí tiene su dinero; devuélvame lo que le vendí.
     -Usted no ha actuado de forma equivocada –replicó el pobre-. Yo he seguido el consejo del padre y sé que tengo algo bendito.
     -No es más que un papel: ¡nadie puede vender su sitio en el paraíso! Si lo desea, le pago el doble de lo que usted me dio por él.
     Pero el pobre no quería venderlo, pues creía en los milagros. Poco a poco, el hombre fue subiendo su oferta, hasta llegar a las diez monedas de oro.
     -No me servirá de nada –dijo el pobre-. Tengo que darle una vida más digna a mi mujer, y para eso hacen falta cien monedas de oro. Ése es el milagro que espero en esta Nochebuena.
     Desesperado, sabiendo que si se retrasaba un poco más, nadie comería en su casa ni asistiría a la Misa del Gallo, el hombre acabó pagando las cien monedas y consiguió recuperar el papel. Para el matrimonio que era tan pobre, el milagro se había hecho. Para el comerciante, lo que su esposa le había pedido se había cumplido. Pero ésta estaba llena de dudas: ¿había sido demasiado dura con su marido?
     Cuando hubo terminado la Misa del Gallo, fue a hablar con el párroco y le contó la historia.
     – Padre, mi marido encontró a un hombre a quien usted le había sugerido que comprara lo primero que le ofrecieran. Intentando ganar un dinero fácil, escribió en un papel que le vendía su sitio en el paraíso. Yo le dije que cenaría en casa si no volvía con el papel, y al final tuvo que pagar cien monedas de oro para recuperarlo. ¿Fui demasiado lejos? ¿Cuesta tanto un sitio en un paraíso?
     -En primer lugar, tu marido ha demostrado generosidad en el día más importante de la vida cristiana. En segundo lugar, él ha sido el instrumento de Dios para que se realizase un milagro. Pero para responder a tu pregunta: cuando vendió su sitio en el cielo por unos pocos centavos, no pedía el precio que vale. Pero cuando decidió volver a comprárselo por cien monedas, sólo para alegrar a la mujer que ama, te puedo garantizar que vale mucho más que eso.

(basada en un cuento hasídico de David Mandel)     

ELRINCON DE IMELDA_SLP

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JUEGO PELIGROSO

 

Pensaste que moriría

Al tu amor no tener.

No te equivoques cariño,

Que nunca me perderé.

 

Soy bella y peligrosa

Como cualquier mujer;

Entregada cuando ama,

Preparada a renacer.

 

Mi pasión quisiste tener,

Pensaste que con tus palabras

Me podrías envolver.

Mas, no soy fácil mi vida,

Necesitabas más

Para poderme convencer.

 

Hoy sin un adiós te alejas,

Como cobarde te vas

Sin pena ni gloria obtenida…

A mí, jamás me tendrás.

 

Peligroso es este juego,

Cuando juegas al amar,

Pues no sabes nunca

Lo que puedes encontrar.

 

Sigue tu camino,

No voltees para atrás

Pues aquí no dejas nada

Que se pueda recordar.

 

Todo juego es peligroso,

Cuando involucra el corazón.

Procura no hacerlo nunca

Si no tienes una buena razón.

 

Imelda.

Fotos de Gloria Win

Permiso pendiente hasta

el regreso de Gloria Win.

UN RELATO: Como un HOMENAJE alos migrantes. LA AVENTURA DE JUANA GALLEGOS: T E X A N A – M A T E H U A L E N S E D E M I C H I H U A N A : (PARTE I)

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JUANA GALLEGOS CABRERA

Parte I

Quiero inscribir aquí el caso de esta dama mexicana, como un homenaje a todas las mujeres que han emigrado desde Matehuala hacia tantas partes del mundo… Para todas esas heroínas, que se van solitas, o tan solo con parte de sus hijos o familia; tal vez sin su pareja, tal vez sin nada o nadie a quien dejar, que salen a enfrentar condiciones penosas y difíciles, orilladas por motivos tan diversos, muchos ya olvidados; otros, que no se quisieran recordar.

Juana Gallegos Cabrera, nació EN EL AÑO DE 1900, en Miquihuana, Tamps. un pueblecito rural, que aún existe como tal, al oriente de Dr. Arroyo, N.L., donde había una hacienda que administraba su padre, Don Jesús Gallegos (No tengo plena seguridad del nombre del Sr. Gallegos). Su madre fue Doña Matiana Cabrera, todos oriundos del mismo lugar.

El Sr. Gallegos, responsable de mantener boyante la economía de la hacienda a su cargo, debió enfrentar responsablemente la suerte que el Destino le tenía deparado al chocar con la “nueva cultura” traída por el porfirismo, cuya tendencia era desplazar y sustituir el viejo esquema de cacicazgos, que habían hecho y mantenido ricos a los dueños de la tierra, los hacendados mexicanos por Compañías, Negociaciones, Corporaciones y otras formas de organización y producción empresarial que eran las diosas que empezó a adorar El Caudillo y su Corte de militares, políticos y extranjeros naturalizados, ahora en el poder.

Los hacendados y sus familiares, ricos pero incultos, devotos en extremo pero déspotas, no supieron ver y enfrentar, mucho menos asimilar, los grandes dones del ferrocarril y el telégrafo; de las nuevas máquinas para hacer casi cualquier cosa que entonces se necesitara, ni comprendían el futuro promisorio de los automóviles, del transporte motorizado terrestre y acuático. No sabían ni querían cambiar sus antiquísimos modos de beneficio del campo por las nuevas técnicas agrícolas de cultivo, siembra y explotación de nuevas especies (comercialmente hablando) vegetales y animales.

Ahora ya no se requería de tanta gente para hacer las cosas. No había que tener ni mantener ya a tanta mula, ni bueyes o carretas. Y lo peor, ya no se requería de tantas haciendas con administradores, sinó tal vez de una por cada diez. Allí se inicio el incendio de la revolución, en el enojo de los hacendados, tan rápidamente despojados de su poder y riqueza. Que no sus peones, casi esclavos. Ellos ya habían sido despojados desde La Conquista.

Pues en medio de ese caos y de aparición de nuevas desgracias creció Juanita, la niña Gallegos.

Cuando esta hija única tenía 10 años, se desató La Revolución, el hambre y la muerte. No había qué ni quién sembrara nada. La seguridad y la economía se fueron mermando. Lo aislado del lugar los resguardaba un poco de los grandes combates, no así de las gavillas de asaltantes y de rebeldes sin partido, que las tomaban como bodegas de abastecimiento para satisfacer todos sus hambres, incluyendo los que no se satisfacían comiendo.

Un día de 1918, se quedó sin trabajo el padre de Juana, la señorita. El mandamás miquihuano y su familia saliendo inmediatamente para la Ciudad de México. El Sr. Gallegos había quedado bien relacionado políticamente con los villistas, quizá desde 1913 en que se presume que los maderistas Jesús Dávila y Ernesto Santoscoy, rebeldes "pasados" a las huestes del Caudillo del Norte, se refugiaron y apertrecharon en la Hacienda con sus casi cuatrocientos efectivos de Caballería, escapando del Ejército constitucionalista que recuperó la plaza de Matehuala, ganada por los villistas tras casi un mes de sitio y otro bajo su control rebelde.

Debió emplear el tren de Matehuala, irónicamente el “verdugo” que lo dejo sin trabajo, luego de abandonar Michihuana y atravesar la serranía suroccidental de Tamaulipas a tiro de caballos, en diligencia o calandria, pasando de hacienda en hacienda hasta el Valle de Matehuala, donde quizá pudo pedir posada en haciendas como la de La Peña o La Carbonera. Su travesía debió haber acabado en la parada del Ferrocarril de Matehuala a Vanegas, en Estación La Cabra.

En cuanto se establecieron en la Capital, el señor fue a hacer méritos con sus amigos villistas, apostados ya en la Capital de México, quienes convivían en tensa coalisión con los zapatistas. La señorita Juana, quien ya había hecho muchas cuentas con su padre en la hacienda, empezó a prepararse como secretaria. Empezó a tomar clases de mecanografía en una academia.

Tal vez aquí hubiera empezado otra historia, pero en 1920 el Presidente Carranza, que ya había sido desconocido por Villa y Zapata estaba a la defensiva entre Puebla y Veracruz, fue ejecutado por allá. Y otra vez se armaron los trancazos. Antes que las cosas empeoraran, el Sr. Gallegos puso a su familia a salvo enviándola hasta Matehuala, plaza controlada ya por el ejército constitucionalista, ahora bajo la autoridad nacional de un presidente provisional y apaciguador, Adolfo De la Huerta. El Sr. Gallegos tendría a sus dos joyas muy cerca de Miquihuana, otra vez.

Era la primera vez que el Sr. Gallegos se separaba de su familia en tiempos de guerra. Probablemente les haya prometido pronto regreso, pues todo parecía indicar que la fase violenta del movimiento armado había llegado a su fin.

Matehuala, desde 1921 fue el nuevo refugio de la familia Gallegos Cabrera… a la espera de su varón principal. Éste nunca más regresaría a reunirse con ellas.

Es probable que el Sr. Gallegos se hubiese incorporado a las fuerzas villistas, toda vez que perdió sus apoyos políticos y económicos en la capital mexicana. Estos grupos y gavillas, al poco tiempo quedarían disueltos, dispersos y muchos de ellos recompensados con tierras y haciendas, empezando por el mismo Pancho Villa. Si no hizo esto, quizá entonces se haya alineado con el ejército constitucionalista, afín a las fuerzas que resguardaban Matehuala, pero son meras especulaciones. Hubo en ese lapso tal caos político, tantas venganzas y tanta sangre, como para poder establecer su derrotero final con claridad.

Se especuló de un tal Sr. Gallegos, blanco, güero chapeado, que solía usar chaleco, sombrero de fieltro y reloj de cadena, quien tenía una tienda en la esquina de Escobedo y Terán y llegó a Matehuala solo, enfermo y sin pareja formal hasta que conoció a una damita matehualense llamada Esperanza. Es lo más que he podido indagar (conste, podría ser solo una coincidencia).

Para 1923, Matehuala, ciudad reaccionaria, se convierte otra vez en la manzana de la discordia. No es el dinero lo que se busca ahora. Ya no valían los billetes; ya no había monedas, oro ni plata. No había… o estaban bien enterradas. Buscaban leva, gente quienfuera, niños y mujeres para pelear. Después de un millón de muertos en ese gran mitote, no era para menos. Por ello los De la Huertistas se instalan en las ciudades clave, como lo era nuestra tierra y empiezan a amenazar a Obregón.

Para Juana y su madre, ya no había tiempo que perder. Era el momento de abandonar México y emigrar hacia los Estados Unidos de América. Se informaron con ciertos miembros del gremio patronal matehualense, con amigos, vecinos y gente piadosa con quienes convivían, quienes recomendaron la conveniencia que la Srita. Juana, ya en edad de merecer, fuera sola a San Antonio, Texas, allá la esperarían gente conocida y familiares de estas nuevas amistades que le ayudarían a establecerse. Salió inmediatamente. Su madre se quedaría esperando noticias -de su marido y ahora de su hija- en casa de cierta amiga.

Esta historia continuará…

 
Nota: La bibliografía y referencias aparecerán al calce de la entrega final de este relato.
 

Nota: Este comentario, como muchos otros que aparecerán aquí con esta nota al pie, son actualizaciones de los creados y publicados por su servidor, bajo el pseudónimo de El Ausente, en una página llamada matehuala.com, en la cual su autor dejó de participar, para no respaldar la sospechosa tendencia de sus administradores a denostar contra autoridades e instituciones, sin un objetivo definido, en diversas notas pretendidamente periodísticas que aparecían entonces (y acaso ahora todavía) en su portada.

Bueno… No Se Porqué Te Estoy Contando Ésto…

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 INTRODUCCION

… A la hermosa dama

que borda al viento

acaricia mi corazón

y a mi pensamiento…

 

 

He tenido la dicha y el honor de establecer contacto con una persona muy valiosa, a quien admiro y respeto por su gran sensibilidad, que trasciende a voluntad tiempo y circunstancias. Para mi es un portento. En unos versos se refiere así de uno de sus nietos:

 

 

 

Sonrisa inocente,
sincera, espontánea,
que a todas las penas
las deja calladas.

 

 

Entonces advertí lo siguiente:

 

 

Inocente intención se vé,

y esto no es un sofisma

la musa habló de un bebé

pero se dibujo a sí misma…

 

 

…Luego, al poco tiempo, su nieto es otra vez el destinatario de sus pensamientos:

 

 

"Mi bello inventor"

  A mi nieto ahora le ha dado

por ser Ciro Peraloca,

y sus hermosos inventos,

los vemos, hasta en la sopa.

 

A los platos desechables

él convierte en submarinos,

otros más, en lindos barcos

que hasta tienen remolinos.

 

La mentada "masking tape"

unida a ingenio e intentos,

es ya su mejor aliada

para lograr sus inventos.

 

Ningún objeto se salva

de ser su materia prima,

a todo le encuentra forma

y convierte en cosas lindas.

 

Por eso, le estoy guardando

cuanto tiliche me encuentro,

para que siga creando

y enriquezca su intelecto.

 

                                                         Cara.

 

¡Y eso fue suficiente! Me remontó a mi infancia..

…A mi regreso, le tuve que pedir de favor:

 

  

…sé tú el medio para transmitir un saludo a mi tocayo, que es lo que ahora viene resultando ser tu nieto para mí. Cuando estaba por terminar mi infancia y faltaba muy poco para el arranque de mi adolescencia, mi primo Javier me bautizó con el apodo de Ciro Peraloca.

Esas demostraciones de inventiva de tu ilustre descendiente(*), que quizá no pase de los cinco años, son equivalentes, sinó las mismas que las que tú y yo realizábamos a los cinco o hasta diez años de edad, quizá. Tal es el reto para las abuelas y madres y padres. Por eso más nos vale entrarle al Internet. De no ser por esta grandiosa herramienta, solo Dios sabe que tuviera que haber pasado para encontrarme con mi musa CARA…a cara (…Bueno, casi).

(*)…¡Ah, sí! ¡Toda persona que lleve ese apelativo y lo cultive debe ser o será ilustre, tarde o temprano!…Bueno, si no lo digo yo por ambos ¿quién entonces?

 

 

 

Pues bien, les presento a esta estrella de Jalisco: ¡Acábatelos amiga!

 

 

Una pequeña costurera.

 

         Cuando mi papá se retiró de su trabajo, puso una pequeña  fábrica de ropa… estaba en el interior de la casa. Se llamaba:

 

                                     Regalos para niños”.

 

         Yo tenía cinco años cuando empecé a ver a las costureras trabajar en las máquinas, cosiendo y bordando innumerables prendas para los bautizos y confirmaciones.

         Como lo único que se necesita para aprender, es observar, pronto me enseñé a manejar la tijera y la máquina.

Como no tenía materia prima, se me ocurrió buscar en el almacén, en donde me encontré unas carpetas con unas muñequitas recortadas en sus pastas… al abrirlas descubrí que eran unas muestras ya caducadas, del antiguo trabajo de mi papá.

         Con mucho cuidado, despegué cada pedacito, y lo fui uniendo a los otros, hasta que logré tener una tira ancha y larga, con la que me confeccioné una faldita, no sin antes hacerle un dobladillo y una jareta, en la que introduje un elástico,  para la cintura.

         Al día siguiente era domingo y mis papás tenían planeado un paseo al campo, por lo que me atreví  a ponerme mi nueva  “obra de arte”.

         La falda de parches de diferentes telas, texturas y colores, era para mí, un triunfo, una ilusión hecha realidad y el resultado de horas de trabajo. Sin embargo, cuando una hermana (mucho mayor que yo) me vio, le dijo a mi mamá que me dijera que me la quitara pues estaba muy “ranchera”.

         Yo no entendí el comentario pues, para mí, lo “ranchero es lo mejor, pues mi abuelito tenía un rancho, y yo sabía que,  los ranchos albergan animales, y en ellos se cosecha toda clase de verduras y frutas para nuestro consumo, por lo tanto  son muy importantes, pero, al ver la cara de mi mamá reprobando la actitud de mi hermana, y diciéndole: “Lo que importa es que ella la hizo”… comprendí que su comentario había sido malo.

 

 

         Bueno… no se porqué te estoy contando esto… tal vez por el comentario de “Ciro Pera-loca”.

Espero no haberte aburrido con mi relato… ¡Ah! se me olvidaba… ya le di tu recado a mi Cirito Pera-Loca… y le causó mucha gracia.

 

Cara.

 

 

 

Yo te respondo  presto, Cara:

¿Aburrido? ¡Para nada!

Mas bien, estoy conmovido.

O ¿Qué serán estas gotas

Por las que  a secar obligado

Me he visto, presuroso, mi teclado?

 

Lo que tu evocas, mujercita,

Me trae recuerdos muy hondos,

…de una relación gloriosa

La de mi paterno abuelo,

¡Mi eterno cómplice…!

De quien aún creo

Que dirige mi mano cuando escribo

Y mis ojos… cuando leo.

 

Gracias, Cara.

 

Tuyo, afectísimo

Eduardo

 

 

 

LAS VISIONES, LAS MISIONES, LOS OBJETIVOS Y LAS METAS ¿QUÉ ES QUÉ?

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LAS VISIONES, LAS MISIONES, LOS OBJETIVOS Y LAS METAS ¿QUÉ ES QUÉ?
 LA

Foto: Grecia Maldonado Chantaca

Estribillo de la canción "La Felicidad"

FELICIDAD

 

LA FELICIDAD no es un sueño…

LA FELICIDAD, no es un lugar.

LA FELICIDAD ES UNA FORMA DE NAVEGAR

POR ESTA VIDA QUE ES LA MAR.

 

LA FELICIDAD, ¡ES UNA FORMA DE NAVEGAR

POR ESTA VIDA! ¡QUE ES LA MAR!

 

 

Estribillo de la canción “La Felicidad” cantada por Gualberto Castro y escrita por Felipe Gil, ganó en 1975 -por segunda vez para México- el Festival OTI internacional.